miércoles, 13 de diciembre de 2017

Cae la lluvia

Cae la lluvia 
y ya no estás 
Ya no me calientas
Ya no me miras
Ya no hay tabaco 

Cae la lluvia 
y ya no estás
Ya no me tocas
Ya no me cantas
Ya no hay palabras 

Cae la lluvia 
y ya no estás
Ya no me extrañas 
Ya no me piensas 
Ya no te siento 

Dejan de caer las gotas
sale el sol y pienso en ti
pero te pienso ausente
te pienso buscando un recuerdo ajeno
Ágil e ínfimo 
como una brisa en verano 
cálida, pero escueta 

Sale el sol 
y vuelvo a mi
A la locura con pies de plomo
A la eterna juventud del mañana efímero 
Vuelvo a mi

Caen gotas, pero esta vez no del cielo
Lloro tu ausencia
Lloro la añoranza 
Lloro sintiéndome libre 

Y te vuelvo a sentir aún estando lejos 
Te fuiste con alas de valiente vuelves agachando la cabeza 
pero para marcharte de nuevo 

Estos caminos son laberintos de sentimientos 
No están diseñados para encontrarse 
Dejemos que la lluvia caiga 
y que cada uno
llore su duelo 





domingo, 26 de noviembre de 2017

Tal y como era

Él era como el tiempo, 
a veces volaba con el viento y, 
otras, tan sólo se paraba a observarme con esa mirada tan llena de miedos.
Era intenso, como el café por las mañanas. 
Era tenue, como la luz que entraba por la ventana de mi dormitorio 
aquella vez que dormimos. 
Era ajeno, no quería sentir ni tocar. 
Era el caos en un mismo cuerpo. 
Era eterno cuando miraba, cuando besaba, cuando susurraba. 
Él era suave, pintado y descuidado, pero suave. 
Era como una fría brisa mañanera que sabes que luego traerá tormenta. 
Era efímero, tenía fecha de caducidad. 
Era de carne y hueso.
Yo escribía, alguien tenía que explicar lo que decían sus ojos. 


miércoles, 2 de agosto de 2017

Antología poética

Llegas a contratiempo, a destiempo, con licor y azucenas
Llegas suave pero intenso
Llegas con sueños y perturbaciones
Llegas sin fragancia y pelos despeinados
Llegas con pies de plomo y corazón desenfrenado
Llegas con sabor amargo y manos dulces
Llegas sin haber querido llegar
Llegas con lengua fina de suave poesía
Llegas en un día mudo y nublado
Llegas a paso ligero, yo corriendo
Llegas clavando la mirada en una llama
Llegas en combustión y yo en convulsión
Llegas a base de tabaco y charlas sin café
Llegas de madrugada, con el crepúsculo
Llegas con abrazos de papel
Llegas a contratiempo, a destiempo, con vino y amapolas
Llegas y te enfrentas a mi cabeza alocada
Llegas besándome lento, no tienes prisa
Llegas bajando despacio, sutil
Llegas y te vas, vuelves
Llegas con cicatrices y balas
Llegas con baladas
Llegas en sintonía, haces sinfonías en danzas de carmín
Llegas y no ves, no ves pequeño
Llegas con lagunas y bochornos
Llegas con bisutería no barata
Llegas con mirada ardiente, parece que ardes. Ardimos
Llegas con ceño fruncido y alguna que otra arruga
Llegas y llegamos juntos, es erótico
Llegas
Llegaste








jueves, 8 de junio de 2017

Te quise

Te quise hasta que doliera
te quise como nunca he querido a nadie
te quise anteponiéndote a todo y a todos
te quise a contrarreloj
te quise a contratiempo
te quise a quemarropa
te quise con sal
te quise con curvas
te quise con baches
te quise con lágrimas
te quise con lluvia
te quise con sol
te quise con limón
te quise con café
te quise entre versos
te quise entre estrellas
te quise entre olas
te quise a oscuras
te quise sola
te quise dolida
te quise. 


sábado, 1 de abril de 2017

La elegante intolerancia

Del dolor al sufrimiento sólo hay dos pasos, del enjambre al subsuelo otros dos más, y del Olimpo al centro del corazón unos cien años de soledad. Ya nos hablaba Márquez de ello. Pero no sólo Machado conocía la nostalgia de vivir asustado por el mañana efímero, no sólo Bécquer predecía los versos en la piel de las personas. No sólo los poetas sabían de amor y de desamor. No sólo la vida se paraba instantes para delimitar sus añoranzas. No sólo eran criaturas entre líneas, no sólo eran rimas sobre un papel en blanco. Eran palabras que nacían en una habitación oscura con un cigarro perdiéndose fuego. Eran palabras que volaban lejos de esas mentes pensantes. Eran palabras que quedarían marcadas para esos lectores que hoy visten de elegante intolerancia. 



miércoles, 25 de enero de 2017

El mejor lugar del mundo

El otro día leí un post que decía algo así como: "Mientras te abrazaba supe, que el mejor lugar del mundo es en ti, siempre en ti" y entonces pensé, ¿cómo es posible que una persona en pleno siglo XXI aún pueda pensar que el mejor lugar del mundo sea algo tan simple y complejo a la vez?
Algo tan insignificante, algo tan abstracto, tan revolucionario.

Anduve dándole muchas vueltas a la cabeza hasta que escribí estas líneas...

El mejor lugar del mundo no es  él o ella, no son sus brazos ni tampoco sus abrazos. El mejor lugar del mundo no es estar dentro ni fuera de él o ella. El mejor lugar del mundo no tiene nombre ni apellido. El mejor lugar del mundo no viste calzado elegante ni tenis Nike. El mejor lugar del mundo no es un mísero lugar físico. El mejor lugar del mundo no lleva la hora puesta. El mejor lugar del mundo no entiende de brújulas ni mapas. El mejor lugar del mundo...

El mejor lugar del mundo es aquel que se encuentra cuando estás en paz contigo mismo, cuando eres libre y haces lo que realmente te llena y satisface. El mejor lugar del mundo es la felicidad que sientes cuando todo lo que te rodea y enamora te hace ser quién eres. Cuando estás en armonía con tus principios, con tus ideas, con tu pensamiento de loco o loca de remate. Cuando estás con los pies en la tierra y con la mente en babia, o quién sabe, tal vez a la inversa. El mejor lugar del mundo es la realidad constructiva que cada uno se hace en su cabeza, esa realidad tuya y, sólo y únicamente tuya.

Hay veces que necesitamos un buen chasquido para darnos cuenta de estas sencillas cosas, pero no puedes asociar y entregar tu plena y absoluta felicidad a otra persona. Puedes compartirla, puedes enriquecerla con ese o esa compañero de vida, pero no puedes entregársela y darle los méritos de habértela conseguido, porque ese querido lector y buen amigo mío, ese será la mayor desprecio que podrás hacerte a ti mismo como ser humano.

Hay que quererse más, hay que ser más fiel a uno y consigo mismo, hay que abrir bien los ojos en estos tiempos tan caníbales.




jueves, 10 de noviembre de 2016

Nuestros peores miedos

¿Cuáles son realmente nuestros peores miedos?
¿El desamor, la infidelidad, no tener éxito en la vida,  no llegar a fin de mes, apagar la luz?

Cuántas veces me habré quedado en "estambai" dándole una y mil vueltas a la misma pregunta.
Y sin embargo, por más que gire y siga girando la cabeza no voy a conseguir  cambiar de idea. Resulta que nuestros peores miedos somos nosotros mismos, nuestro "yo interior", nuestra esencia convertida en dragones escupe fuego. Parece gracioso como un ser humano puede tenerle más miedo a un monstruo que está debajo de la cama, que al que tiene durmiendo a su lado. Resulta incoherente que presumamos de valores cuando carecemos de una integridad real. ¿Quién diría que al cielo sólo van los confesados y buenos plebeyos, mientras que al infierno sólo irán los pecadores e infieles?, ¿dónde se dictó esa sentencia?, ¿quién la firmó?.

Vivimos pensando en el mañana, vivimos creyendo que todo nos pertenece, que todo es nuestro y que tenemos derecho a todo. ¿Oyeron?, todo. ¿Pero quién demonios nos creemos que somos?. Vivimos viviendo a 160 por hora para no pararnos a pensar en qué habremos desaprovechado los años de vida que tenemos. Vivimos nutriéndonos a base de quemarropa sin saborear una taza de café, sin sentir el tacto de la salitre cayendo por nuestras curvas. Suena irónico. 

Ya no se si realmente nos estamos haciendo mayores, o no se si es que la vida va muy deprisa pero, el día a día avanza cada vez más veloz. Mi cuerpo no sigue el ritmo de la música, mi lengua no mastica igual las palabras, y mis párpados no se cierran cuando deben hacerlo. Temo a las bestias que se ocultan bajo las luces de neón en altas horas de la madrugada, temo a los monstruos que visten de traje y corbata, temo a las alimañas que predican la voz "del de arriba" sin entender el latín o el hebreo. Y es que, al fin y al cabo, ¿quiénes somos y para qué estamos aquí?. Ojalá pudiéramos parar el tiempo y quedarnos en esos veinte o treinta años, disfrutando así del vaivén de las caderas, los chupitos de testosterona y de las resacas debajo de las sábanas. Ojalá pudiéramos refugiarnos en los cálidos desiertos de dos cuerpos desnudos como solíamos hacer. Ojalá no estuviéramos presos de la incertidumbre y del "qué será". Ojalá querida, ojalá...




martes, 25 de octubre de 2016

Amar no es de locos

A mi también me dicen que cuando te escribo, se te pone cara de tonto. No te creas que por reservar tus celos, me harás pensar que no te importo. Se que sí. Odio cuando te pones en el borde de la cama, casi al precipicio, para dejarme más espacio a mi. Me encanta cuando me tocas el pelo, cuando me acaricias la espalda y cuando me tapas con la sábana creyendo que estoy dormida. Para cada detalle hay un ojo en la nuca. Me atrae esa forma en la que intentas seducirme; guiñándome un ojo, dándome una nalgada al pasar o, simplemente, haciéndome alguna que otra mueca absurda. Me gusta cuando ríes, cuando me haces reír, cuando reímos juntos. No es tan extraño hablar de un futuro, hablar de nosotros, soñar es gratis. Me llama esa forma en la que besas, como si realmente no tuviéramos más tiempo, y hubiera que aprovechar ese beso segundo a segundo. Me da miedo abrir un día el Whatsapp y no ver un mensaje tuyo dándome el coñazo con alguna que otra pollada para llamar mi atención. A mi también se me pone cara de tonta al recibirlo, esa sonrisita pícara, ¿sabéis, no?.
Me inquieta esa manera tan tuya de hacerme sentir especial antes, durante y después de bailar.
Bailar, ¡guau!, ¿hace cuánto que no se baila?, ¿hace cuánto que no se tiene un motivo para hacer lo que realmente nos da la gana?
No quiero promesas, quiero exprimir el ahora. No necesito flores, ni cartas de amor. Sólo quiero algo que sin etiquetas nos diga el precio que ambos valemos, lo que estamos dispuestos a apostar para que funcione. Hace tanto que  hablamos del amor, sin darnos cuenta de que no estamos hablando de él. Odio que me receten pastillas o me tachen de loca por hacerlo. Ahora parece que los raros somos los que creemos en él. ¿Curioso, no?. Ahora parece que el amor se habla, pero no se hace. Ahora parece que el amor viste de sexo sin desnudarse. Ahora parece que el amor es sólo un quemarropa y dos o tres golpes de cabecero en la pared. Ya no se tararean canciones, ya no se miran a los ojos, ya no hay complicidad. Ahora parece que sólo quieren adelantar el reloj y gritar un par de gemidos.

Amar no es de locos, querer no es de locos, vivir el momento intensamente no es de locos, desnudar los sentimientos y los cuerpos no es de locos. Locos son aquellos que no ven la cordura dentro de su locura. Porque es mejor hacer y probar, que quedarte con las ganas.