sábado, 1 de abril de 2017

La elegante intolerancia

Del dolor al sufrimiento sólo hay dos pasos, del enjambre al subsuelo otros dos más, y del Olimpo al centro del corazón unos cien años de soledad. Ya nos hablaba Márquez de ello. Pero no sólo Machado conocía la nostalgia de vivir asustado por el mañana efímero, no sólo Bécquer predecía los versos en la piel de las personas. No sólo los poetas sabían de amor y de desamor. No sólo la vida se paraba instantes para delimitar sus añoranzas. No sólo eran criaturas entre líneas, no sólo eran rimas sobre un papel en blanco. Eran palabras que nacían en una habitación oscura con un cigarro perdiéndose fuego. Eran palabras que volaban lejos de esas mentes pensantes. Eran palabras que quedarían marcadas para esos lectores que hoy visten de elegante intolerancia.