miércoles, 25 de enero de 2017

El mejor lugar del mundo

El otro día leí un post que decía algo así como: "Mientras te abrazaba supe, que el mejor lugar del mundo es en ti, siempre en ti" y entonces pensé, ¿cómo es posible que una persona en pleno siglo XXI aún pueda pensar que el mejor lugar del mundo sea algo tan simple y complejo a la vez?
Algo tan insignificante, algo tan abstracto, tan revolucionario.

Anduve dándole muchas vueltas a la cabeza hasta que escribí estas líneas...

El mejor lugar del mundo no es  él o ella, no son sus brazos ni tampoco sus abrazos. El mejor lugar del mundo no es estar dentro ni fuera de él o ella. El mejor lugar del mundo no tiene nombre ni apellido. El mejor lugar del mundo no viste calzado elegante ni tenis Nike. El mejor lugar del mundo no es un mísero lugar físico. El mejor lugar del mundo no lleva la hora puesta. El mejor lugar del mundo no entiende de brújulas ni mapas. El mejor lugar del mundo...

El mejor lugar del mundo es aquel que se encuentra cuando estás en paz contigo mismo, cuando eres libre y haces lo que realmente te llena y satisface. El mejor lugar del mundo es la felicidad que sientes cuando todo lo que te rodea y enamora te hace ser quién eres. Cuando estás en armonía con tus principios, con tus ideas, con tu pensamiento de loco o loca de remate. Cuando estás con los pies en la tierra y con la mente en babia, o quién sabe, tal vez a la inversa. El mejor lugar del mundo es la realidad constructiva que cada uno se hace en su cabeza, esa realidad tuya y, sólo y únicamente tuya.

Hay veces que necesitamos un buen chasquido para darnos cuenta de estas sencillas cosas, pero no puedes asociar y entregar tu plena y absoluta felicidad a otra persona. Puedes compartirla, puedes enriquecerla con ese o esa compañero de vida, pero no puedes entregársela y darle los méritos de habértela conseguido, porque ese querido lector y buen amigo mío, ese será la mayor desprecio que podrás hacerte a ti mismo como ser humano.

Hay que quererse más, hay que ser más fiel a uno y consigo mismo, hay que abrir bien los ojos en estos tiempos tan caníbales.




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