domingo, 19 de junio de 2016

Vivimos, que no es poco

Malvivimos en una sociedad contaminada por las influencias, las apariencias, los rumores y la hipocresía. Vivimos en una sociedad en donde la falsa simpatía se viste de coherencia, mientras que la mera apariencia de transparencia es símbolo de poca educación. Vivimos en una sociedad trangénica, en la que se nos han alterado las entrañas desde niños. Ya no somos lo que un día fuimos, ya no somos vírgenes. Vivimos en una sociedad maltratada por los medios, hundida, estancada en el no avanzar. Vivimos en una sociedad atada a la posible superstición de no poder llegar a alcanzar la casta superior, en vez de preocuparse por alimentar esos cerebros desmenuzados. Vivimos en una sociedad que se halla desnutrida en ética y moral, y para colmo, presumen de estar bien dotados de semejantes valores. Vivimos en una sociedad que dicta sentencia sin tener nada que declarar y sin tener nada en lo que destacar, creyéndose que lo saben todo y que valen más unos que otros. Vivimos en una sociedad envidiosa, codiciosa, engañosa, traidora. Vivimos en una sociedad que nos lleva a ser perversos y malpensados, pero no por innatez, sino por el instinto influenciado por el medio que nos rodea. Vivimos en una sociedad marcada por la pérdida de la inocencia y la estimulación de la madurez. ¿Qué pretenden? Vivimos en una sociedad que se preocupa más por la última tendencia, que por la tendencia a ser libres. Vivimos en una sociedad atrapada en la incertidumbre de si algún día cambiarán o no las cosas. Vivimos, que no es poco. 


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