viernes, 11 de marzo de 2016

Las amistades

Brindo por las buenas amistades. Por esas verdaderas, de las que aunque no estén, están. Por esas que conoces de toda una vida, y por aquellas que tampoco hace falta conocerlas de tanto para saber que serán de las que perdurarán. Por esas que están dispuestas a cruzar medio océano para consolarte en momentos de flaqueo, y por aquellas que con tan sólo escuchar su voz ya sueltan un esbozo de tranquilidad y apoyo incondicional. Por esas que intentan derrotar a las mayores bestias para que tu estés a salvo, y por aquellas que te animan a luchar contra ellas para que creas en la fuerza de ti mismo. Por esas que sin tener que dar, dan. Y por aquellas que cuando tienen que dar, dan el triple libremente. Por esas que no piden recibir nada a cambio, sino que simplemente ofrecen por mera y pura generosidad. Por esas que tratan de sacar lo mejor de ti cuando tienes un día gris, y por aquellas que simplemente sacan lo peor de ti cuando hacen algo mal y te preocupas por ellas. Por esas que quieren acompañarte durante todo un camino, y por aquellas que se van quedando atrás por circunstancias de la vida. Por esas que cuando las ves reír piensas que jamás quieres que esa sonrisa se aleje de tu vida, y por aquellas que aunque se marcharan su voz seguiría alegrándote los días. Por esas que los silencios no son incómodos, y por aquellas que los silencios lo dicen todo. Por esas que aunque estén a muchos kilómetros de ti, la cifra no crea un distanciamiento, y por aquellas que no ves en meses y años y que cuando vienen es como si el tiempo se hubiera detenido y siguen tomando café y hablando justo por dónde lo dejaron la última vez que se encontraron. Por los amigos y por las amigas. Hoy brindo por todas aquellas amistades que sin compartir sangre son mucho más que una familia. Por aquellas que son leales, fieles, auténticas y de sincero corazón.


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