jueves, 10 de noviembre de 2016

Nuestros peores miedos

¿Cuáles son realmente nuestros peores miedos?
¿El desamor, la infidelidad, no tener éxito en la vida,  no llegar a fin de mes, apagar la luz?

Cuántas veces me habré quedado en "estambai" dándole una y mil vueltas a la misma pregunta.
Y sin embargo, por más que gire y siga girando la cabeza no voy a conseguir  cambiar de idea. Resulta que nuestros peores miedos somos nosotros mismos, nuestro "yo interior", nuestra esencia convertida en dragones escupe fuego. Parece gracioso como un ser humano puede tenerle más miedo a un monstruo que está debajo de la cama, que al que tiene durmiendo a su lado. Resulta incoherente que presumamos de valores cuando carecemos de una integridad real. ¿Quién diría que al cielo sólo van los confesados y buenos plebeyos, mientras que al infierno sólo irán los pecadores e infieles?, ¿dónde se dictó esa sentencia?, ¿quién la firmó?.

Vivimos pensando en el mañana, vivimos creyendo que todo nos pertenece, que todo es nuestro y que tenemos derecho a todo. ¿Oyeron?, todo. ¿Pero quién demonios nos creemos que somos?. Vivimos viviendo a 160 por hora para no pararnos a pensar en qué habremos desaprovechado los años de vida que tenemos. Vivimos nutriéndonos a base de quemarropa sin saborear una taza de café, sin sentir el tacto de la salitre cayendo por nuestras curvas. Suena irónico. 

Ya no se si realmente nos estamos haciendo mayores, o no se si es que la vida va muy deprisa pero, el día a día avanza cada vez más veloz. Mi cuerpo no sigue el ritmo de la música, mi lengua no mastica igual las palabras, y mis párpados no se cierran cuando deben hacerlo. Temo a las bestias que se ocultan bajo las luces de neón en altas horas de la madrugada, temo a los monstruos que visten de traje y corbata, temo a las alimañas que predican la voz "del de arriba" sin entender el latín o el hebreo. Y es que, al fin y al cabo, ¿quiénes somos y para qué estamos aquí?. Ojalá pudiéramos parar el tiempo y quedarnos en esos veinte o treinta años, disfrutando así del vaivén de las caderas, los chupitos de testosterona y de las resacas debajo de las sábanas. Ojalá pudiéramos refugiarnos en los cálidos desiertos de dos cuerpos desnudos como solíamos hacer. Ojalá no estuviéramos presos de la incertidumbre y del "qué será". Ojalá querida, ojalá...




martes, 25 de octubre de 2016

Amar no es de locos

A mi también me dicen que cuando te escribo, se te pone cara de tonto. No te creas que por reservar tus celos, me harás pensar que no te importo. Se que sí. Odio cuando te pones en el borde de la cama, casi al precipicio, para dejarme más espacio a mi. Me encanta cuando me tocas el pelo, cuando me acaricias la espalda y cuando me tapas con la sábana creyendo que estoy dormida. Para cada detalle hay un ojo en la nuca. Me atrae esa forma en la que intentas seducirme; guiñándome un ojo, dándome una nalgada al pasar o, simplemente, haciéndome alguna que otra mueca absurda. Me gusta cuando ríes, cuando me haces reír, cuando reímos juntos. No es tan extraño hablar de un futuro, hablar de nosotros, soñar es gratis. Me llama esa forma en la que besas, como si realmente no tuviéramos más tiempo, y hubiera que aprovechar ese beso segundo a segundo. Me da miedo abrir un día el Whatsapp y no ver un mensaje tuyo dándome el coñazo con alguna que otra pollada para llamar mi atención. A mi también se me pone cara de tonta al recibirlo, esa sonrisita pícara, ¿sabéis, no?.
Me inquieta esa manera tan tuya de hacerme sentir especial antes, durante y después de bailar.
Bailar, ¡guau!, ¿hace cuánto que no se baila?, ¿hace cuánto que no se tiene un motivo para hacer lo que realmente nos da la gana?
No quiero promesas, quiero exprimir el ahora. No necesito flores, ni cartas de amor. Sólo quiero algo que sin etiquetas nos diga el precio que ambos valemos, lo que estamos dispuestos a apostar para que funcione. Hace tanto que  hablamos del amor, sin darnos cuenta de que no estamos hablando de él. Odio que me receten pastillas o me tachen de loca por hacerlo. Ahora parece que los raros somos los que creemos en él. ¿Curioso, no?. Ahora parece que el amor se habla, pero no se hace. Ahora parece que el amor viste de sexo sin desnudarse. Ahora parece que el amor es sólo un quemarropa y dos o tres golpes de cabecero en la pared. Ya no se tararean canciones, ya no se miran a los ojos, ya no hay complicidad. Ahora parece que sólo quieren adelantar el reloj y gritar un par de gemidos.

Amar no es de locos, querer no es de locos, vivir el momento intensamente no es de locos, desnudar los sentimientos y los cuerpos no es de locos. Locos son aquellos que no ven la cordura dentro de su locura. Porque es mejor hacer y probar, que quedarte con las ganas.



domingo, 28 de agosto de 2016

La luna y el sol

La luna se me adelanta, corre con prisa.
Brilla pero no quiere brillar tanto como podría. 
Está cuarto menguante, es mentirosa.
Le gusta jugar con el lenguaje, dejar marcas, pisadas, piezas para unir en un puzle sin nombre. 
Tiene satélites, tiene heridas, tiene asteroides, tiene cicatrices.
Le gusta ver cómo las estrellas brillan.
Se esconde del sol, tiene miedo, le gusta pero no sabe cómo decírselo.
Teme quemarse, fundirse, hacerse cenizas por el fuego de la quemarropa.
A veces él la observa, aunque ella no lo vea. A veces él la eclipsa y se encuentran.
Pero ambos saben que ese encuentro será fugaz, como las estrellas que van a una velocidad intocable para dos amores no correspondidos.
Por ello se unen en uno cuando la astronomía lo estima oportuno. Por ello son polos opuestos, por eso es un amor imposible, por eso una vive de noche y otra de día. Por eso una brilla en la oscuridad y la otra ilumina la tempestad del día a día.

"El Meteoro" 1860 - Frederic Edwin Church"

                                                 

domingo, 19 de junio de 2016

Vivimos, que no es poco

Malvivimos en una sociedad contaminada por las influencias, las apariencias, los rumores y la hipocresía. Vivimos en una sociedad en donde la falsa simpatía se viste de coherencia, mientras que la mera apariencia de transparencia es símbolo de poca educación. Vivimos en una sociedad trangénica, en la que se nos han alterado las entrañas desde niños. Ya no somos lo que un día fuimos, ya no somos vírgenes. Vivimos en una sociedad maltratada por los medios, hundida, estancada en el no avanzar. Vivimos en una sociedad atada a la posible superstición de no poder llegar a alcanzar la casta superior, en vez de preocuparse por alimentar esos cerebros desmenuzados. Vivimos en una sociedad que se halla desnutrida en ética y moral, y para colmo, presumen de estar bien dotados de semejantes valores. Vivimos en una sociedad que dicta sentencia sin tener nada que declarar y sin tener nada en lo que destacar, creyéndose que lo saben todo y que valen más unos que otros. Vivimos en una sociedad envidiosa, codiciosa, engañosa, traidora. Vivimos en una sociedad que nos lleva a ser perversos y malpensados, pero no por innatez, sino por el instinto influenciado por el medio que nos rodea. Vivimos en una sociedad marcada por la pérdida de la inocencia y la estimulación de la madurez. ¿Qué pretenden? Vivimos en una sociedad que se preocupa más por la última tendencia, que por la tendencia a ser libres. Vivimos en una sociedad atrapada en la incertidumbre de si algún día cambiarán o no las cosas. Vivimos, que no es poco. 


domingo, 5 de junio de 2016

Debería

Debería largarme de este infierno disfrazado de paraíso. Soltarme el pelo y gritar fuertemente. Desnudarme sin complejos. Desmaquillarme y abrir bien los ojos para asegurarme de que lo que veo es real. Leerme un libro que jamás acabaré para  que su historia me absorba. Escribir los mejores poemas jamás escritos. Pintarme las uñas para que las cicatrices y arañazos no se vean. Ahorrarme corazones para llegar a fin de mes. Alquilarme un búnker para no ver la luz durante la explosión ahí fuera. Robarme almas para hacer batidos con extra de vitamina C. Tragarme el orgullo y escupir la indiferencia del que no te corresponde. Debería verme como una estrella que brilla entre muchas otras, entre la penumbra y en la oscuridad. Debería beber menos y tragar más. Debería cantarle a los dioses y rezar menos. Debería de alzar mi bandera y sentirme orgullosa. Debería dejar de fumar e inhalar más oxígeno. Debería besar más y callar menos. Debería, debería.




miércoles, 30 de marzo de 2016

Lo que un día fuimos

Quiero volver a esa noche. Esa noche en la que desperté junto a ti. Prácticamente éramos dos desconocidos que ya sabían que estaban destinados a amarse durante un tiempo. Pero aún así, me tocaba el pelo, me acariciaba la espalda, me susurraba al oído que esto era e iba a ser mágico. Nosotros hacíamos el amor hablando, bailando, riendo... Hacíamos el amor hasta cuando creíamos que no lo estábamos haciendo. Era único. Y yo, ahora, presa de ti. Pero no de cuerpo a cuerpo, sino de mente a mente. Entre rejas miro lo pasado y anhelo lo que fue y pasó. Sus brazos no volvieron a agarrarme igual, sus caricias nunca fueron tan sinceras, y sus palabras se equivocaban al salir de la boca. Sin embargo, su mirada. ¡Guau! Esa mirada decía tantas cosas. Podía contarme cuantas noches se quedó en vela pensándome, cuantas veces quiso decir, pero calló y, cuantas veces quiso besar, pero retrocedió. Y yo, agotada del cansancio de un esfuerzo vacío, me rendí. Me rendí, y día a día me levanto arrepintiéndome de haberlo hecho. Pero un corazón no se adiestra, no se educa, no se puede encender a quemarropa. Sé que piensas en mí, igual que tú sabes que yo también lo hago. No obstante, nuestros caminos se separan por inconveniencias momentáneas. Y duele, y dicho dolor no es en vano; ataca cuando estás sana, enferma cuando más débil te encuentras. Te hace daño. Sin embargo, quién sabe qué será del tiempo y de su larga trayectoria vital. Quién sabe qué será de nosotros, de nuestra historia, de nuestras vidas. Quién sabe. Pero de algo estoy muy segura; no habrá farola que alumbre más la soledad que dejaste en mi, no habrán kilómetros que llenen mi espacio como tú lo hacías y, jamás, habrá persona que me conquiste como tú lo hiciste. Siempre serás eterno. Siempre serás mío dentro de mis pensamientos. Siempre te querré hasta que me duela el alma. Y siempre seremos lo que un día llegamos a ser.

lunes, 21 de marzo de 2016

Crítica a la sociedad actual


ARTÍCULO: "SALA DE MÁQUINAS" - BELÉN GOPEDI

El artículo que nos disponemos a comentar abarca sobre una temática de tipo política y social neoliberalista actual en nuestro contexto histórico. Éste, nos muestra mediante una metáfora, el juego que se dispone a mediar tanto la política con la sociedad, como el Estado con los individuos.
Dicho texto trata de hacernos creer que pueden manipular a la comunidad de ciudadanos que habitan en el globo únicamente por tener el poder de manejar un mazo de madera. Ellos estiman oportuno cuando sí se hace una reforma y cuando no se suben los sueldos. Cuando sí suben los impuestos, y cuando no se conceden más viviendas a los sin hogar. Los jueces dictan la sentencia con fuego hacia los pobres, mientras se hacen de oro entre los ricos. Eso sí que es una broma de mal gusto.

La corrupción es algo constante en el siglo en el que vivimos. Es algo que, tristemente, es inevitable, y que llevamos cargando desde la antigüedad. El que nace corrupto, muere corrupto. Las personas no cambian, y cuando hay dinero de por medio no hay mayor razón para hacerlo. Es triste que sea tan duro de aceptar, pero la realidad es clara, la vemos día a día poniendo las noticias. No importa el país, el continente, la moneda o el partido que presida en ese momento. Siempre la ha habido, la hay y la habrá.

Personalmente, siempre me he considerado una persona que confía en el ser humano, en su progreso y en su evolución. Pero llevándolo al terreno político no confío en dicha regla.

Cada día vemos a más políticos condenados y, al mismo tiempo indultados como signo de burla hacia los ciudadanos. Cada día observamos noticias nuevas acerca de países que entran en, prácticamente, terceras guerras mundiales: sólo hay que ver los ejemplos de Afganistán y Nigeria, desde 2001; Irak, Israel y Palestina, desde el 2003; Somalia, desde 1988; Yemen, desde 2004; Argelia, desde 1992; y Siria, desde el 2011, entre muchos otros lugares repartidos por el planeta. Sin irnos más allá de nuestra supuesta y predilecta protección primermundista y capitalista; Rusia también lleva en guerra desde 1999, ya que Chechenia declaró su independencia tras el desmembramiento de la Unión Soviética. Sin embargo, Rusia no aceptó. Esto desembocó en pequeñas guerras civiles que dieron lugar a atentados en numerosas ciudades rusas. Finalmente, el ejército ruso entró en Chechenia para acabar con el conflicto y concluyó con la, prácticamente, esclavitud de los refugiados, que viven en condiciones muy precarias. Hoy en día, Rusia es una dictadura comunista "incubierta y disfrazada" con el nombre de Democracia Federal a manos de Vladimir Putin, director de la antigua KGB. Y todo esto, sin irnos lejos de la protección "europea". Cada día observamos más la estupidez del ser humano y su poca capacidad para entender que el cambio sólo llegará si nosotros nos esforzamos en conseguirlo. De lo contrario, seguirán habiendo atentados como los de la famosa revista "Charlie Hebdo" el pasado 7 de enero del 2015, en París. O, como el siguiente que hubo en en un Hotel de una cadena española en Marruecos con 30 víctimas mortales en junio del 2015. O, el atentado en una mezquita en Kuwait que superó el número de 20 fallecidos también en junio del pasado año. O, las numerosas decapitaciones que hemos sufrido por parte de los radicales y asesinos militantes del ISIS.

32.658 personas fueron víctimas por el terrorismo en el año 2014, más de la mitad en comparación con las 18.111 del 2013. Cada año se triplican, se hacen más severas y duelen aún más.

Lo peor de todo no es que la gente muera, lo peor de todo es que la sociedad acomodada, las organizaciones con poder y los países con supremacía no hagan nada para impedirlo. Sin embargo, cuando un titular tiene un nombre con tez blanca en un lugar capitalista, la gente tiñe sus fotos de perfil con una bandera ajena a la suya para supuestamente empalizar.

No obstante, cuando miles de niños mueren desnutridos, de frío o descuartizados por una bomba en pleno conflicto, ahí nadie hace nada. Nadie cambia su foto de perfil en Facebook, nadie protesta a favor de los Refugiados para que puedan vivir. Nadie hace nada.

Siempre hay cosas más importantes que hacer. Siempre podemos pensar que como estamos en una zona de confort no nos sucederá nunca a nosotros, y como no lo vivimos en carne propia no sabemos lo que realmente está sucediendo ahí fuera.

Los gobiernos y las instituciones mundiales nos ocultan la verdad, nadie hace nada al respecto y cada día mueren millones de personas sin razón ni causa aparente.

Permitamos que jueguen con la energía nuclear como si fuera una golosina, sin tener en cuenta los desastres ya ocasionados. Permitamos que las dictaduras sigan realizando cartillas de racionamiento en países ricos. Permitamos que la sociedad acabe como Einstein nos avisaba: "No sé con qué clase de armas se peleará en la Tercera Guerra Mundial, pero en la Cuarta se combatirá con palos y piedras".

¿Qué hacer? Nada, mejor quédate en el sofá acostado. Total, ¡qué vas a cambiar tu solo!



domingo, 20 de marzo de 2016

Apocalípsis

Ese momento en que el diablo se apodera de tu mente y la entrepierna.
Sí, curiosamente ese mismo momento.
Intenso y extravagante. La razón se vuelve un poco sucia.
Pero, ¿qué más da?
Queremos pasarlo bien, disfrutar del instante y vivir en sueños durante unos segundos.

Ese momento en que el diablo te incita a quebrantar a los mismísimos dioses.
Y te entretienes pensando en el número de besos que caben en su cuerpo.
Vestirse de desnudez para subir a su tejado y susurrarle tus pecados.
Pero, ¿qué más da?
Irónico ya que es un amor platónico.

Ese momento en que el diablo te estimula y se pierde la conciencia.
Esos son los "sucesos impredecibles pero apetecibles" que yo llamo.
Extraños en las tinieblas, pero cómplices entre las paredes de un dormitorio.
Pero, ¿qué más da?
Al fin y al cabo, son versos, frases o citas de la vida sin sentido. ¿Extrañas? Puede ser.


Sólo pretendo descifrar las mentes perversas que se difuminan en esta sociedad.



viernes, 11 de marzo de 2016

Las amistades

Brindo por las buenas amistades. Por esas verdaderas, de las que aunque no estén, están. Por esas que conoces de toda una vida, y por aquellas que tampoco hace falta conocerlas de tanto para saber que serán de las que perdurarán. Por esas que están dispuestas a cruzar medio océano para consolarte en momentos de flaqueo, y por aquellas que con tan sólo escuchar su voz ya sueltan un esbozo de tranquilidad y apoyo incondicional. Por esas que intentan derrotar a las mayores bestias para que tu estés a salvo, y por aquellas que te animan a luchar contra ellas para que creas en la fuerza de ti mismo. Por esas que sin tener que dar, dan. Y por aquellas que cuando tienen que dar, dan el triple libremente. Por esas que no piden recibir nada a cambio, sino que simplemente ofrecen por mera y pura generosidad. Por esas que tratan de sacar lo mejor de ti cuando tienes un día gris, y por aquellas que simplemente sacan lo peor de ti cuando hacen algo mal y te preocupas por ellas. Por esas que quieren acompañarte durante todo un camino, y por aquellas que se van quedando atrás por circunstancias de la vida. Por esas que cuando las ves reír piensas que jamás quieres que esa sonrisa se aleje de tu vida, y por aquellas que aunque se marcharan su voz seguiría alegrándote los días. Por esas que los silencios no son incómodos, y por aquellas que los silencios lo dicen todo. Por esas que aunque estén a muchos kilómetros de ti, la cifra no crea un distanciamiento, y por aquellas que no ves en meses y años y que cuando vienen es como si el tiempo se hubiera detenido y siguen tomando café y hablando justo por dónde lo dejaron la última vez que se encontraron. Por los amigos y por las amigas. Hoy brindo por todas aquellas amistades que sin compartir sangre son mucho más que una familia. Por aquellas que son leales, fieles, auténticas y de sincero corazón.


domingo, 6 de marzo de 2016

Una pirata

Los seres humanos sólo vemos lo que nuestro cerebro y nuestros ojos nos permiten durante unos segundos. Sin embargo, mi cabeza va más allá. Ella vuela en otra utopía y se adentra en los asteroides más dañinos que pueden existir. Ella quiere surcar los mares de masoquismo y cruzar el límite de la irrealidad entre nuestros cuerpos. Ella decide juzgar manchas y lunares en vez de manchar los lunares con la bilis de nuestro propio vomito. Ella comprende, entiende, se retiene. Comenta los abismos de los corazones que se reprimen. Ella se adentra en los peligros de las miradas perdidas y juega a ahogarse entre magentas y rosas. Se divierte entre la inocencia de unos tragos y los maltratos de un corazón roto. Ella da la bienvenida a las lágrimas de un ayer sin carne, y se despide de lo efímero conquistando camas. Traga los chupitos más amargos para sacar su lado más dulce. Ella viste de gris para no llamar la atención, busca la simplicidad en pasar desapercibida. Pero no se daba cuenta de que ella era la mayor gama de colores existente archivados en un arcoiris jamás visto.

Ella era una pirata que no sólo quería anclar su razón en una llamada en espera. Sólo quería un ligero vértigo entre marejada y marejada. Sólo quería robar un naufragio entre sonrisas. 
Ella sólo quería ser feliz.