miércoles, 2 de diciembre de 2015

Los aeropuertos

Cuando la desesperación de una llegada o de una salida te matan por dentro y empieza el caos. Cuando las ansias de ver a alguien te consumen, o cuando la tristeza de despedirte de otra te "enrrabieta" el alma. Cuando las mayores declaraciones de amor se disfrazan de abrazos y llantos, o cuando las bienvenidas se visten de sorpresas y carteles de "¡Por fin en casa!". Cuando los cafés hacen de calor humano, o cuando las Coca Cola´s te refrescan el corazón. Cuando las horas pasan y no ves el momento de partir, o cuando simplemente pasan demasiado rápido y no ves la hora de asimilar que ya te has marchado. Cuando el frío del aire acondicionado no te aclimata la añoranza del hogar, o cuando la estufa te hace rememorar el olor y calor de tu providencia. Cuando ves las mismas caras desconocidas pero con los mismos miedos, o simplemente cuando observas que no eres el único que agita los pies como símbolo de nerviosismo y desesperación. Cuando tu reloj se detiene como para que aproveches al máximo ese último momento, o cuando el tiempo se consume entre lo segundos y las miradas. Cuando ves todo esto sentada desde la cafetería de tu terminal esperando tu vuelo y sonríes pensando: "No soy la única". 





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