miércoles, 9 de marzo de 2011

Sonríe cuando no haya que llorar, y llora cuando ya no se pueda sonreír, ya que llorando te rindes, te calmas, te desvaneces, te esfumas en el espacio, el viento te domina y te cautiva. Sonríe por haber llorado, por haber experimentado todo aquello ya dicho. Sonríe; no te dejes llevar por las apariencias que tu brillas, y con luz propia.



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