miércoles, 2 de marzo de 2011

Despega y fuera.

Diez de la mañana, preparada para despegar, butacas en posición vertical, mi mejor música puesta y ... todo empieza; empiezo a soñar, empiezo a desorbitar mi cabeza pensando en el nuevo lugar que voy a descubrir. Oigo ronquidos, no importa, no los escucho no hace falta que alguien moleste, es estúpida la sensación de tranquilidad, es mejor vivir en un mundo lleno de escandalera y diversión, es mejor que estar encerrado de por vida en un convento de clausura como donde yo, estoy ahora mismo. Pero da igual, yo, sola, inconscientemente me imagino en otro lugar, más cálido y abrazador. Ahora, me siento en casa.



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